
Este fin de semana fue un tanto diferente, y no solo por ser puente.
El jueves en la mañana, en compañía del potrillo intermedio y varios miembros del equipo de Halcones de Basquetbol de la CDMX, nos subimos a la calandria para dirigirnos a Celaya, sede del Open International de Baloncesto 2025.
En este torneo de calidad mundial, equipos de varios países, desde Colombia y Venezuela hasta Brasil y Canadá, compiten en diversas categorías para obtener el preciado trofeo de primer lugar mundial de basquetbol infantil. Cerca de 250 equipos de todo el continente se reúnen durante cuatro días para disputar sus correspondientes partidos a todo lo largo y ancho de la ciudad.
Halcones Escuela de Básquebol A.C. es una academia de baloncesto con método científico para niños y jóvenes, que no discrimina por edad, género, raza, religión ni condición socioeconómica. Con dos sedes en mi querida Chilangolandia, una en las Canchas Deportivas U.H. Modelo y otra en el Parque del Olivo, eligió el nombre “Halcones” por ser el animal mas rápido y uno de los más eficaces en sus ataques (hasta el 60% en algunos casos registrados), alcanzando una velocidad cercana a los 400km/hr en picada. En Halcones se busca formar “atletas de alto rendimiento en los niveles de competencia mas altos.” En la opinión de este Caballo, aspiran a mucho más que esto, pero la humildad de su fundador, que se transmite al resto de los coaches, no les permite decirlo, así que yo lo voy a hacer por ellos. Es una escuela que se esfuerza en apoyar a los jóvenes para que se transformen en personas dignas y conscientes, que aprovechen la disciplina deportiva para aplicarla a cualquier ámbito de su vida futura. Por eso los jugadores quieren y respetan a los coaches, no solo mientras son jugadores, sino después de terminar su etapa con ellos. Forman una familia mas que un club. Uno de ellos, Carlos, comenzó a los ocho años como jugador y ahora, a sus veintitantos, podría presumir, si la modestia lo dejara, su certificación como Coach Profesional. Misma historia con Vado, quien también jugó antes de ser coach y ahora dirige varias categorías. Y Sergio, coach honorario, nunca se ha alejado de la escuela. Sus dos hijos han jugado ahí bajo la tutela del fundador, el Coach Ricardo Cadena, quien trae consigo un método de aprendizaje profesional y científico en el que tanto staff como jugadores creen fielmente, más allá de los resultados numéricos de los partidos. El Coach Ricardo me recuerda mucho al personaje que Denzel Washington interpreta en la película Remember the Titans: duro y estricto, si, pero con una compasión y un corazón más grande que la distancia entre las sedes.
En fin. Los progenitores de algunos jugadores de Halcones junto con los jóvenes atletas y los coaches, se reunieron desde temprano en un hotel cerca de la entrada de la autopista para prepararse mental y físicamente para lo que sería un fin de semana intenso en sol y calor, pero sobre todo emociones y ese excelente compañerismo que solo el deporte competitivo de alto rendimiento puede brindar.
El jueves, alrededor de las siete de la noche, los casi cincuenta jugadores de Halcones estaban reunidos en el lobby del hotel, escuchando al Coach Ricardo dar el discurso inaugural para el evento. Rodeado de su Staff y acompañados por los padres de los chavos, les recordó cómo este torneo representa la graduación anual del club, ya que han sido diez meses de preparación intensa, siguiendo régimen intenso de entrenamientos, enfocados en luchar al máximo en todos los partidos de cada categoría. Durante el discurso mencionó acertadamente como no se puede ser un ganador si la cabeza está perdida en otros temas, como las distracciones juveniles que se dan al querer echar relajo en lugar de mantener la concentración durante la duración completa del torneo. Habló brevemente sobre la importancia del trabajo en equipo, de mantener los roles en cada posición, sobre el descanso merecido y necesario, y el esfuerzo que se requiere para mantenerse enfocados.
Terminando la sesión, tuvo las obligadas pláticas uno a uno con diversos jóvenes, motivándolos a mantener el rumbo, a dar su cien por ciento en todo momento, a apoyar a todo el equipo tanto en la cancha como en la banca o en la tribuna, y cerraron con una cena compuesta de sincronizadas y ensalada. Y después de algunas indicaciones a los padres de familia con respecto a la logística de los siguientes días y algunas recomendaciones adicionales alimenticias y de disciplina a los jóvenes, todos se fueron a sus cuartos a dormir.
Viernes, seis de la mañana. Suena el despertador a todo volumen. Baño veloz, desayuno aún más, café para llevar, y a las 6:40 estamos listos para partir al primer partido del día. Halcones Garra (nacidos en 2010 y 2011) contra Dragones Mayas, el cual está empalmado con el partido de Halconas contra el Inter. El día se vuelve una vorágine de ir y venir entre canchas, partidos, sol, recorridos, organizar quien se va con quien y a donde, regresen al hotel a comer, y ahora, ustedes con el papá de Lalo, y ustedes con el de Iker, córranle porque no llegan. Los jugadores se la rifan en todo momento. Lian anota 18 puntos en un juego. Victor, el constante del equipo, aprende a lidiar con su frustración acompañado de su padre y de un helado. Incluso Hugo, uno de Garra, pide que lo metan a la cancha a pesar de que estaba con los primeros indicios de gripa. Para cerrar, todos juntos, jugadores, coaches y padres, a apoyar a los más grandes, llamados Halcones New, nacidos entre 2008 y 2009, al partido de las ocho. Un verdadero juegazo, en donde los papás de los más jóvenes pudieron observar la calidad deportiva a la que aspiran sus hijos con disciplina, constancia, y mucho, mucho trabajo. Al cierre del día, después de una cena de Box Lunch, los niños están agotados, y los coaches aún más. Agotados, pero todos con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en la cara.
Sábado, misma hora, y empezamos de nuevo. Ahora empezamos con Veterans (que ya llevan unos tres o cuatro años jugando juntos) y Pasarela, los más pequeños, nacidos entre 2012 y 2014, equipo mixto. La esperanza sube al máximo cuando los chamaquitos ganan, y regresan al hotel con el pecho más salido que los topes de Reforma. Por ahí en medio del ajetreo, nos enteramos de que el equipo femenil clasificó para jugar la semifinal el domingo. Veterans y New estuvieron muy cerca, pero no lo lograron, y aún así, los niños están felices porque jugaron dignamente. Otra vez, varios niños dejan el alma en la cancha. Andrés sale de cambio después de que lo atropelle un contrario con veinte kilos más que el, pero regresa con ganas de frenarlo. Rodrigo sigue en la cancha con todo y el golpe que recibió en la cara. Pato grita desde afuera porque no puede continuar con la lesión que tiene en la rodilla y Héctor lo sustituye como movedor con creces. Martha organiza a las niñas en un excelente comeback después de perder dos partidos seguidos el día anterior. El segundo equipo completo de Pasarela da una cátedra de cómo la banca también puede ganar.
Garra cierra el día en un partido en donde sacaron la casta como los grandes, y al final del partido, el festejo fue tal que el equipo contrario se queda boquiabierto porque los jugadores querían sacar en brazos a un jugador aun cuando habían perdido por una diferencia considerable. Los gritos que coreaban su nombre se escuchaban hasta la calle.
Domingo, misma hora. Toca ir a apoyar a las niñas. Hasta el tambor aparece en la tribuna. Todos aprendemos nuevas porras, y el equipo entero logra sacar sus emociones de apoyo a pesar de la sufrida derrota.

96 horas intensas en Celaya. Innumerables momentos de acercamiento amistoso entre los jóvenes. Inagotables aprendizajes e imborrables momentos que nunca olvidarán. Incontables experiencias que los hicieron crecer ante los ojos de sus padres de un partido a otro. Demonios extraídos desde lo más profundo de cada chavo y que ya no regresarán. Por que sí, todos tenemos demonios, y el deporte competitivo en equipo ayuda a extirparlos desde la raíz.
Todos tenemos nuestros demonios, y la ciudad de Celaya no es la excepción. Esta ciudad, a unos 260 kilómetros de Chilangolandia, donde viven unos 380 mil nacionales más o menos, en los últimos años ha sufrido mucho, por lo que su reputación no es muy buena. Sin embargo, es una ciudad llena de gente amable, cálida y, en su mayoría, honesta. Desde hace unos años, los gobiernos locales han llevado a cabo varios esfuerzos por reducir los problemas sociales, y entre los múltiples programas, han dedicado algunos a la juventud y al deporte. Por eso Celaya cuenta con un gran número de deportivos y de parques con canchas de basquetbol, y existen muchos equipos de alto nivel. Así mismo, en 2022 se promovió un torneo internacional denominado “Open International de Baloncesto”, el cual, en esa primera edición, contó con unos 1,400 jugadores. Esta edición tuvo la participación de más de 3,000 jugadores. Se espera que este tipo de acciones puedan mejorar en el corto, mediano y largo plazo la convivencia y ética ciudadana. Este fin de semana Celaya recibió a propios y extraños, nacionales y extranjeros, y nos dejó a todos con un grato sabor de boca, expulsando un par de demonios de todo Guanjuato.
Todos tenemos nuestros demonios. En Chile, hace apenas unos años, nació un niño, a quien llamaremos “B”. “B” creció en varios países debido a la movilidad que requería el trabajo de su padre, lo cual hizo que domine el inglés y hable español con un acento muy gringo. Después de vivir en lugares como Malasia, él y su familia llegaron a Chilangolandia, y un par de años después, “B” ya media 1.90 y tiene el cuerpo de Shaquille O´Neil con apenas 14 años de edad. Posiblemente, debido a su gran altura, “B” desarrolló una personalidad un poco introvertida y algo lánguida, lo cual oculta su verdadero yo: un niño sumamente noble, con unas ganas interminables de pertenecer y ser reconocido por sus pares. “B” empezó a jugar baloncesto en Halcones, donde, en estos últimos meses, ha descubierto que tiene la habilidad para el deporte, no solo el tamaño. “B” ha descubierto que tiene un grupo de amigos que realmente lo quieren, Rodrigo, Patricio y Paulo, con quienes sonríe sin parar. Ha descubierto que tiene unos coaches que ven en él el potencial para ser cada día mejor jugador y persona. En su penúltimo partido, al cierre del tercer cuarto, el coach Vado decide que “B” cobrará el tiro libre ganado por Halcones por una falta. “B” voltea incrédulo a la banca, sin entender por qué le dieron la responsabilidad. Se escucha el canto de padres y jugadores “¡”B!”, ¡“B!”, ¡“B!””. Se anima. Camina a la línea. Se concentra. Tira. Encesta. Surge en su cara una sonrisa de estúpida felicidad que anima a los demás, mientras su amigo, Rodrigo, se voltea hacia la porra y grita “¡no paren, griten, griten!” con un gesto de brazos hacia el cielo que logra su cometido, y hasta los papás del otro equipo se unen al coro de “¡”B!”, ¡“B!”, ¡“B!””. En el último partido, “B”, después de dar un esfuerzo excelso, hace un tapón debajo de su canasta, pasa el balón, corre con todas sus fuerzas mientras el coach Vado le grite “¡”B”, corre, corre!”. Alcanza la banda contraria, pegado a la esquina izquierda, donde recibe un pase de Daniel, tira en el último segundo del cuarto cuarto, y encesta para tres puntos. ¿Se acuerdan de que querían sacar en brazos a un jugador ante los ojos incrédulos del otro equipo? Ese jugador es “B”. Su autoestima creció frente a mis ojos en dos días. Adquirió una confianza en sí mismo que si no fuera por el deporte se hubiera tardado a lo mejor años en tener. Viví la liberación de algunos demonios.

Todos tenemos nuestros demonios. Hace unos catorce años, llegó a este mundo un niño en la CMDX, quien desde su primer momento se quejó, supongo, del frío que sintió al salir de la tina en que nació. “P” siempre ha sido un niño rebeldón y orgulloso, pero con un gran corazón y mucha inteligencia, a quien le faltaba la motivación para hacer lo que debía. Probó muchos deportes y nunca se acopló. Nunca fue en exceso problemático, pero siempre ha tenido algunos temas con la autoridad. Siempre se corría la voz de las travesuras y desmanes que hacía en lugar de que se hablara de su buen corazón o de sus logros. Hace cerca de un año, conoció a Ricardo, Carlos y Vado, en su primer día de entrenamiento con Halcones. Supongo que los coaches vieron en el al niño que podía llegar a ser, al igual que el director de su secundaria. Los coaches, en particular Carlos, por quien “P” muestra un gran cariño, lo han apoyado para que aprenda a trabajar individualmente y a ser parte integral de algo mas grande que él – su equipo. Poco a poco, “P” ha entendido que las cosas que valen la pena cuestan trabajo. Nada es gratis en esta vida. El coach Ricardo, a quien “P” respeta y admira, ha hablado con el continuamente, motivándolo a ser mejor persona cada día. “P” hace unas semanas tuvo un evento internacional con su secundaria, para el cual tuvo que prepararse como nunca lo había hecho. Se comprometió como nunca y tuvo una muy buena participación. Durante el Open de Celaya, recibió un correo del Director felicitándolo por su comportamiento. Ese mismo día, el viernes, motivado por ser reconocido por sus buenas decisiones en lugar de sus malas acciones, dio el mejor partido que ha dado en su breve carrera en Halcones. Los coaches Sergio y Vado lo dejan adentro de la duela mucho mas tiempo del que normalmente estaría. “P” no es muy alto, pero defiende la cesta de los monotes del equipo contrario, lo Cebolleros de Guerrero, metiendo el cuerpo como si midiera lo mismo que “B”. Deja el alma en la cancha. Al terminar, Vado lo reconoce como uno de los MVPs del equipo – otro reconocimiento por sus buenas acciones. Esa noche, “P” durmió satisfecho consigo mismo como pocas veces, y yo viví la liberación de algunos de sus demonios.
Todos tenemos nuestros demonios. Hace unos dieciséis años, nació un joven en Iztapalapa, aqui en Chilangolandia, Luis. La historia de Luis merece mucho más que estas breves palabras que ahora redacto, y pronto espero lograr contarla con el mérito que se le debe. Su mamá es una trabajadora incansable, de esas que muchos damos por hecho que ahí va a estar siempre y ni nos damos cuenta de la labor que hace, pues es, desde hace infinitos años, barrendera de las calles de la ciudad, lo cual ha hecho que siempre esté fuera de casa por las largas jornadas que tiene que cumplir y las grandes distancias que tiene que viajar para llegar a su lugar de trabajo. Su padre, por otro lado, tuvo que irse de mojado a los Yiunated en busca de un mejor futuro para sus hijos, Luis y su hermano mayor, por lo que Luis nunca lo conoció. Todos los días salía de su casa de lámina, y veía el mundo que lo rodeaba, lleno de delincuentes, drogas y escasas oportunidades, tanto económicas como educativas. Su grupo de amigos se formó poco a poco, colmado de chavos parecidos a él, que veían su vida en un día a día sin poder tener movilidad social. Pero Luis es diferente. Luis tiene un talento natural para el baloncesto. Luis aprendió solo a botar el balón y encestar. Tiene un cuerpo que le brinda velocidad, fuerza, la habilidad de brincar y la coordinación nata necesaria para sobresalir en este deporte. Luis es diferente porque ama el basquetbol, suda basquetbol, vive para el basquetbol; es su terapia, su consuelo, su desfogue, su motivación. Luis tuvo la suerte de conocer a Andrés, un jugador de Halcones, quien además es hijo de Sergio y África, quienes siempre han creído que el deporte es básico y necesario en la vida de desarrollo de los jóvenes, pues da la disciplina que se requiere para cualquier ámbito de vida que se quiera desarrollar. Luis entró a Halcones, donde pudo aprender la técnica, la estrategia y las reglas que se necesitan para jugar bien este deporte. Luis fue nombrado Jugador Más Valioso en el torneo Only One, y aparecer en varios medios como “La Promesa del Baloncesto Mexicano.” Luis se fue a un campamento de basquetbol en los Yiunated, donde Halcones gestionó que conociera a su papa, mostrando el amor y la fe que el club le tiene. Luis fue a competir con Halcones a España, donde dio todo de sí y ayudó a su equipo a estar cerca de coronarse campeón. Luis tuvo la mala fortuna de caer brevemente en las drogas, algo natural entre su grupo social. Luis tuvo el apoyo de Halcones, aunado a la fortaleza personal, para reconocer su problema, entrar a terapia, dejar el equipo varios meses, hacer labor social, y regresar mas fuerte que nunca a la duela. El coach Ricardo, junto con Sergio, adoptaron a Luis, le dieron cobijo, alimento, cama y techo, pero, sobre todo, han creído en él, pues saben que todos cometemos errores y merecemos una segunda oportunidad. Luis ha aprovechado esta segunda oportunidad. Hoy en día, Luis estudia con los maristas, manteniendo un promedio que le permite tener una beca, y, en sus palabras, “quiero estudiar una licenciatura, algo que me ayude a salir para siempre de donde estaba.” Luis asumió su responsabilidad, y, siempre al lado de Andrés, Sergio y África, ha salido de la soledad, como estaba en el barrio donde está esa casa de lámina hace apenas unos meses. Sus muchos demonios están empezando a dejarlo atrás, a soltarlo, y va creciendo, dejando que salga la luz que tiene dentro y dando señales de que ahí, adentro de su alma, hay mucho más que un niño solitario de una casa de lámina en Iztapalapa. Mientras me platica su historia resumida, viví la liberación de algunos de sus demonios.
Todos tenemos nuestros demonios. Todos podemos – y merecemos – quitarnos esos demonios, y crecer para convertirnos en personas dignas. Halcones en una de esas raras Instituciones que ayuda y lo logra, gracias al sorprendente y constante liderazgo de Ricardo, la maravillosa participación de Carlos y Vado, el apoyo inigualable de Sergio y África, a la gran amistad y compañerismo entre jugadores que solo el deporte da, y a la fe que los progenitores le tienen a todos ellos, jugadores y coaches por igual.
Halcones, sigan así. Todos ustedes tienen grandes cosas por venir. Recuerden que de los fracasos se aprende mas que de los éxitos, así que levántense para ganar lo que venga. Y, haciendo uso de una frase del Coach Ricardo, acuérdense siempre que “El Trabajo hace Triunfadores.”
Halcones, ¡¡hasta la próxima!! Y, al menos a mis ojos, este torneo fue un gran éxito simplemente por el crecimiento que tuvieron como equipo y como jóvenes de bien. No siempre se gana, pero salieron con la cabeza en alto. Sigan trabajando y los seguiremos apoyando. Además, aprendí mucho de basquet y cada día me gusta más.
Quiero agradecer profundamente a Ricardo Cadena, fundador de Halcones Escuela de Báequetbol AC, y a Carlos, Vado, Sergio y África, por permitirme platicar con ellos en estos días. En especial, quiero agradecer a Luis, quien confió en mi para contarles brevemente su historia, y te prometo Luis que la contaré en breve con todo el detalle y respeto que mereces. Un agradecimiento a los padres de familia, quienes me dejaron nombrar a sus chaparros y con quienes compartí momentos memorables. Asi mismo, pido una dissculpa anticipada si cometí algún error en la temporalidad de los eventos, pues no pude asistir a todos los partidos, y por la longitud de estas palabras. Pero la ocasión lo amerita.
Si quieren más informes sobre Halcones Escuela de Básquetbol A.C., búsquenlos en FaceBook, https://www.facebook.com/HalconesAC, o escríbanme a elcaballodemexico@gmail.com, y para más información del Sistema de Cultura Física y Deporte de Celaya, visiten https://celayasidec.gob.mx/. .