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Elecciones Judiciales: el Cirque du Soleil Mexicano

Nuestra Constitución se debe sentir nauseabunda

Ah, México, el México surrealista, tierra de tacos, mariachi y… elecciones judiciales. ¿A poco no? El país entero se embarcará en una aventura que suena más a un episodio de El Candidato que a un proceso democrático: elegir a los jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial. ¿Suena emocionante? Bueno, agárrense, porque esto podría salir tan bien como intentar hacer un taco sin tortilla.

Hay varios puntos clave que a este Caballo le preocupan de sobremanera:

1. Reglas del juego: ¿Qué reglas?

Imagina que estás jugando un partido de fútbol, pero las reglas cambian cada cinco minutos. Ahora imagina que ese partido decide el futuro del sistema judicial de un país entero. Luego pon un árbitro tendencioso (léase: AMLO). Así de caótico podría ser este proceso. Las reglas para la elección del Poder Judicial parecen haber sido escritas con prisa, como si un preparatoriano las hubiera redactado en el último minuto antes de una entrega final. Esto genera un ambiente de incertidumbre jurídica que no solo afecta a los candidatos, sino también a los ciudadanos que esperan un sistema transparente y confiable.

Además, ¿qué pasa si alguien no está de acuerdo con los resultados? Pues, ¡a los tribunales! Pero aguántame el corte, ¿qué no es el mismo sistema judicial el que estamos eligiendo quien decidiría qué onda? Literalmente, “juez y parte.” Es como si el árbitro de un partido también fuera el delantero estrella. Este nivel de ironía no se ve ni en las mejores comedias de Adam Sandler.

2. Presupuesto: ¿Con qué dinero?

El INE está más ajustado de presupuesto que un universitario a fin de mes, desayunando Pato a l´Orange (es decir, Gansito y jugo de naranja). Con recortes que harían llorar a cualquier administrador, organizar una elección de esta magnitud parece más un acto de fe que una realidad. Menos casillas, logística deficiente y recursos limitados son solo algunos de los problemas que ya están surgiendo.

Y claro, esto afecta directamente a los ciudadanos. ¿Te imaginas hacer fila durante horas para votar, solo para descubrir que tu casilla no tiene boletas suficientes? Nada dice “confianza en el sistema” como una experiencia frustrante en el día de la elección.

3. Ciudadanos confundidos: ¿Qué estamos eligiendo?

Seamos honestos, la mayoría de los mexicanos no tiene idea de qué hace un magistrado o un ministro. Para muchos, estos cargos son tan misteriosos como el ingrediente secreto de la Coca-Cola. Y ahora esperan que votemos por ellos. Es como pedirle a alguien que elija entre dos equipos de Criquet de la India cuando solo ve futbol mexicano.

Este desconocimiento no solo afecta la participación ciudadana, sino también la calidad de las decisiones. Si los votantes no entienden la importancia de estos cargos, es probable que elijan basándose en factores superficiales, como el carisma de los candidatos o, peor aún, su afiliación política o porque alguien les dijo (sic).

4. Justicia en pausa: Espérame tantito

Mientras todo este circo electoral se lleva a cabo, los casos judiciales podrían quedar en pausa. ¿Tienes un juicio pendiente? Pues siéntate y espera, porque la transición podría ser más lenta que el tráfico en chilangolandia un lunes en la mañana.

Además, la renovación de una parte significativa de la judicatura podría generar un vacío de experiencia y conocimiento. Los nuevos jueces podrían necesitar tiempo para adaptarse, lo que afectaría la eficiencia del sistema judicial. Y ni hablemos de la posibilidad de que lleguen con más intereses políticos que Noroña.

5. Politización: Bienvenidos al show

Ah, la politización. Porque si algo le faltaba al Poder Judicial era convertirse en un escenario para los partidos políticos. Imagina a los jueces haciendo campaña, prometiendo “justicia para todos” mientras reparten volantes en el metro. La independencia judicial podría quedar tan comprometida como tus finanzas después del Buen Fin.

Esto no solo afecta la percepción pública del sistema judicial, sino también su capacidad para impartir justicia de manera imparcial. Si los jueces están más preocupados por mantener contentos a sus patrocinadores políticos que por hacer su trabajo, el sistema entero podría colapsar.

Tenía que poner esta foto en algun lugar

La elección del Poder Judicial tiene el potencial de ser un paso hacia la democratización o un desastre épico digno de un documental de Vix. Todo dependerá de cómo se maneje este proceso. Pero, mientras tanto, prepárense para el drama, las controversias y, quién sabe, tal vez hasta un poco de justicia.

La elección del Poder Judicial no puede entenderse sin el impacto del Peje y la Sheinbaum. Durante su mandato, el Peje impulsó reformas judiciales que buscaban, según él, combatir la corrupción y acercar el sistema judicial al pueblo. Una de las medidas más controvertidas fue la propuesta de elegir a jueces y magistrados por voto popular, una idea que generó divisiones profundas. Según datos de la Asociación de Jueces Federales, más de 1,400 jueces y magistrados se opusieron a estas reformas, argumentando que amenazaban la independencia judicial. Este contexto dejó una huella significativa en el panorama político y judicial que la Sheinbaum heredó al asumir la presidencia.

La Sheinbaum, como presidenta, ha continuado con la narrativa de democratización promovida por AMLO, aunque con su propio enfoque. En lo que va este año, ha destacado que la elección incluirá por primera vez un Tribunal de Disciplina Judicial, diseñado para evaluar el desempeño de jueces y magistrados. Este cambio, según ella, busca eliminar prácticas corruptas y garantizar un sistema más transparente. Sin embargo, críticos han señalado que estas medidas podrían ser un intento de consolidar el poder de MORENA en el sistema judicial, especialmente considerando que el partido obtuvo una mayoría significativa en el Congreso en las elecciones pasadas.

Además, el impacto económico de estas reformas no ha pasado desapercibido. Tras el anuncio de la Sheinbaum sobre la implementación de elecciones judiciales, el peso mexicano sufrió una caída del 8% frente al dólar, la mayor desde la pandemia de COVID-19 (aunque una parte de eso también se lo debemos a Trump y sus aranceles). Esto refleja la incertidumbre que estas medidas generan en los mercados y entre los inversionistas, quienes temen que la politización del sistema judicial pueda desestabilizar el equilibrio de poderes en México. A pesar de esto, la Sheinbaum ha defendido las reformas como un ejemplo para el mundo, argumentando que representan un avance hacia un sistema más democrático.

Entonces, tanto AMLO como la Sheinbaum han dejado una marca indeleble en el proceso de elección del Poder Judicial. Mientras que el Peje sentó las bases con sus reformas iniciales, la Sheinbaum ha continuado con su implementación, enfrentando tanto elogios como críticas. Este proceso no solo redefine el sistema judicial, sino que también plantea preguntas fundamentales sobre la independencia de las instituciones y el futuro de la democracia en México. ¿Será este un paso hacia la transparencia o un movimiento estratégico para consolidar el poder político? Ahí se los dejo de tarea…

Pero entonces, ¿qué hacemos? Si yo fuera un analista político con un toque de sarcasmo, le daría algunas ideas a la oposición para resolver el caos de la elección del Poder Judicial:

Algo así pero con los candidatos
  1. Un curso intensivo para ciudadanos: Antes de que los mexicanos elijan a jueces y magistrados, ¿por qué no organizar un reality show estilo “MasterChef Judicial”? Los candidatos podrían competir en pruebas de conocimiento legal, ética y resolución de conflictos, mientras los ciudadanos aprenden qué hace un juez. Al final, el público vota por el ganador. Lo hacemos regional para que cada distrito solo vea a los potenciales candidatos que en teoría le interesan. Así, al menos sabremos que el elegido sabe diferenciar entre un amparo y un recurso de revisión.
  2. Presupuesto creativo: Dado que el INE está más quebrado que nuestros bolsillos durante la cuesta de enero, podríamos financiar la elección con patrocinadores. ¿Qué tal un INE con uniformes llenos de logos, como en la Fórmula 1? “Esta casilla es traída a ustedes por Elektra” (me gustaría saber qué opina Salinas Pliego de esto). Sería una solución ingeniosa y, bueno, un poco vergonzosa, pero al menos habría dinero para las casillas.
  3. Un sistema de puntos: En lugar de elegir jueces por voto popular, podríamos implementar un sistema de puntos basado en méritos. Cada candidato acumula puntos por experiencia, ética y capacidad de resolver casos. ¿Cómo se evalúa esto? Fácil: un panel de expertos y ciudadanos los califica en vivo, como en “La Voz”. Si no puedes cantar, al menos demuestra que sabes aplicar la ley. O, por lo menos, que has leído la Constitución.
  4. Despolitización radical: Para evitar que los partidos políticos conviertan el proceso en un circo, podríamos prohibir que los candidatos tengan afiliaciones políticas. ¿Cómo garantizar esto? Con un detector de mentiras en cada entrevista. Si alguien menciona a MORENA, PAN o PRI, ¡fuera del proceso! Así, al menos tendríamos un Poder Judicial un poco más independiente.
  5. Una pausa estratégica: Si todo lo demás falla, ¿por qué no posponer la elección hasta que tengamos reglas claras y un presupuesto decente? Sí, sería como patear el balón hacia adelante, pero al menos evitaríamos un desastre inmediato. Mientras tanto, podríamos usar el tiempo para educar a los ciudadanos y preparar un proceso más transparente. Y soy totalmente consciente de que MORENA no dejaría que esto pasara, pero pues…

En resumen, estas ideas son tan irreverentes como prácticas (bueno, algunas más que otras). Pero ¿quién sabe? Tal vez un poco de creatividad y humor es justo lo que necesitamos para enfrentar este relajo en que estamos metidos los mexicanos.

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